El rey de Marruecos interrumpe las vacaciones del señor Sánchez y la señora Begoña: ¿Qué ocultan?

El rey Mohamed VI ha amargado definitivamente las vacaciones de Pedro Sánchez y Begoña Gómez tras desencadenar una brutal crisis migratoria sobre Ceuta. Lo que se perfilaba como un tranquilo descanso veraniego para el líder del PSOE se ha transformado en una pesadilla política de primera magnitud, colándose en su agenda estival como un invitado que no pide permiso para sentarse a la mesa.

Ante la entrada masiva de miles de personas en la ciudad autónoma, el Gobierno ha intentado calificar desesperadamente lo sucedido como un «ataque» y una «violación de la integridad territorial» atribuible únicamente a las mafias.

Sin embargo, esta maniobra defensiva no ha logrado frenar la indignación popular ni ocultar la inoperancia de un Ejecutivo que ha vuelto a reaccionar tarde y sin firmeza.

El clamor de la calle y la ofensiva en las Cortes han acorralado por completo a Moncloa en pleno mes de agosto. Según la última encuesta de SocioMétrica, un abrumador 88% de los españoles ha exigido que el presidente comparezca «ya» en el Congreso para dar explicaciones de inmediato, sin esperar al calendario ordinario de finales de mes que el PSOE ha pretendido imponer. El mismo sondeo refleja que el 74% desaprueba la gestión de Sánchez y un 89% está convencido de que Rabat ha facilitado la entrada masiva de migrantes. Mientras la oposición ha forzado la convocatoria de la Diputación Permanente e incluso ha llegado a reclamar medidas extremas ante lo que consideran una alta traición, la Moncloa ha intentado desviar la atención agitando broncas artificiales con Italia y Giorgia Meloni, pero la cortina de humo no ha funcionado.

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La gran incógnita que indigna a millones de ciudadanos es por qué Marruecos cuenta con semejante poder para chantajear a España sin que el Gobierno mueva un solo dedo.

¿Qué tiene el régimen alahuita contra Pedro Sánchez para provocar un temor tan paralizante en Moncloa? La sombra del espionaje masivo con el programa Pegasus —donde se extrajeron gigabytes de información confidencial del propio teléfono del presidente— sigue sobrevolando como la causa principal de esta sumisión incomprensible. Mohamed VI ha demostrado que conoce las debilidades del Ejecutivo español y utiliza el control de las fronteras como un arma de presión geopolítica, sabiendo que en Madrid nadie se atreverá a alzar la voz por miedo a lo que Rabat pueda sacar a la luz.

Esta crisis ha resucitado las sospechas más graves sobre la vulnerabilidad del Estado y ha retratado a un presidente atrapado entre el descanso y la huida parlamentaria. El intento de retrasar la comparecencia de sus ministros hasta los últimos días de agosto no ha hecho más que confirmar la percepción de que Moncloa busca ganar tiempo para controlar el impacto mediático.

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